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Por: | en: psicología | el: | Imprimir


En la vida en pareja, las discusiones son inevitables y puede ser positivas si se resuelven de forma razonable y respetuosa. Lamentablemente, a veces, la discusión va subiendo de tono hasta que las personas se encuentran en un laberinto de recriminaciones y disgustos. En este artículo comparto algunas ideas para evitar que las discusiones escalen en peleas.

En una interacción, cuando se empieza a perder el control, su cuerpo le proporciona señales de alerta que indican que tal vez llego el momento de detener la discusión. Algunas señales son: una alteración del ritmo normal de su respiración, de los latidos de su corazón, de su flujo del pensamiento y el tensionamiento de sus músculos, entre otros. 

Si detecta el tipo de reacciones mencionadas, es importante activar conductas de autorregulación para calmar el cuerpo y aclarar la mente. Si percibe que la discusión se les está escapando de las manos, proponga o pida una pausa. Retírese a un lugar tranquilo. Siéntese con su espalda recta, respire atenta y profundamente. Preste atención a su cuerpo y relaje los músculos, comenzando por la cabeza hasta los pies.  Cálmese.
Si el problema lo amerita, no es conveniente dejarlo sin respuesta, pero, antes de retomar la discusión, tómese el tiempo necesario (pueden ser unos minutos hasta algunos días) para aclarar sus pensamientos y sentimientos. Escribir lo que está experimentando puede ayudarle a libertar tensión, a entender mejor la situación, a clarificar sus emociones y a ordenar sus ideas. Lo que escriba es para ayudarle a usted, no es necesario que lo comparta con su pareja. 

Programe una conversación con su pareja. Es conveniente buscar un lugar tranquilo y que no esté asociado con discusiones que se salen de control. No discuta mientras maneja.

Los insultos y gritos no son aceptables. Ambos deben acordar que, si se comienza con las ofensas y los gritos, no es posible continuar con la discusión. 
"El tango se baila entre dos”, reza el dicho. Los problemas de comunicación son usualmente un problema relacional, es decir hay responsabilidad en las dos partes involucradas. Evite echarle la culpa a la otra persona y haga un esfuerzo por auto observarse críticamente. 
Cuando retomen la conversación, es necesario que cada uno exprese cómo se siente. Además, proponga su entendimiento del problema, céntrese en las conductas o hechos, ofrezca soluciones y manténgase dispuesto a negociar.

Por otra parte, si las peleas son recurrentes, puede ser importante alejarse de los detalles particulares y tratar de encontrar cuál es la razón de fondo de las discusiones. Por ejemplo, si se da una pelea porque su pareja, a pesar de su solicitud, no colabora con una tarea doméstica, más que el incumplimiento particular, el malestar puede residir en su sentir que su pareja no le valora o respeta. Este reconocimiento de un patrón no siempre es fácil y requiere calma y análisis.

Cada uno debe escuchar, sin interrupciones, lo que la pareja está diciendo. No se trata solo de quedarse en silencio, esperado el turno; debe prestarse atención comprensiva a lo que el otro dice.  Póngase en el lugar del otro y haga un esfuerzo por entender lo que el otro siente y necesita.  
Cuide su relación. La vida en pareja, con sus dificultades, es una oportunidad para que ambas partes crezcan emocionalmente. 
 
Álvaro Carrasco.
Doctor en Psicoterapia
Sitio web: https://carrasco.jp