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Después de la catastrófica derrota nipona en Midway, el teatro de guerra dio un vuelco total: el tsunami japonés fue frenado por los norteamericanos en un fortuito golpe de suerte que decidió definitivamente el curso de la guerra. Ahora la iniciativa la tienen los estadounidenses y el imperio nipón pasaba a la defensiva. En ese trance los norteamericanos se disponen a realizar su primera gran ofensiva en el Pacífico, el objetivo: la isla de Guadalcanal, en el archipiélago de las islas Salomón.

Tanto las fuerzas norteamericanas como las japonesas combatieron en el extremo más alejado de sus limites de abastecimiento, en una tierra inhóspita y repleta de selva. Aun así se encontraba en un lugar que podría ser clave, pues si Japón controlaba esta posición estratégica, la ruta que unía Estados Unidos y Australia amenazaría con cortarse y aislar a ésta última y provocar su colapso. En ese entonces los japoneses ya habían instalado una pequeña fuerza de ocupación en Guadalcanal y estaban comenzando a construir con celeridad un aeródromo desde donde lanzar ataques a territorio enemigo y recibir abastecimiento. Es así que las fuerzas aliadas (Estados Unidos, Australia y Nueva Zelandia) decidieron invadir la isla y tomar el aeropuerto antes de que estuviese terminado. Es así que se envió una fuerza expedicionaria de 16 mil hombres que comenzaron a desembarcar en la isla en los primeros días del mes de agosto. Gracias al factor sorpresa pudieron tomar el aeródromo casi sin resistencia derrotando pronto a la inicial resistencia japonesa. Todo se complicó más tarde, cuando los nipones contraatacaron a la flota aliada, y esta vez los sorprendidos fueron los aliados, que pasaron serios apuros, y el enemigo envió a pique varios navíos de considerable importancia. Ante esta circunstancia, el resto de la disminuida armada aliada tuvo que retirarse raudamente, dejando a sus fuerzas terrestres abandonadas a su suerte en la isla. Los aliados, sin embargo, lograron crear un fuerte perímetro defensivo alrededor del aeródromo rebautizado ahora como Henderson y lo pudieron conservar, lo que fue, a la larga, crucial para el resultado final. Luego, los japoneses intentarían en vano de recuperarlo en varias ocasiones, pero estas contraofensivas fueron rechazadas. Entre agosto y noviembre de 1942 hubo tres combates terrestres de gran intensidad y cinco batallas navales, siendo las más intensa la de los primeros días de noviembre cuando el último intento japonés de desembarcar en la isla para retomar el aeropuerto Henderson fracasó totalmente con muchas pérdidas. La lucha continúo en lo profundo de la selva en el interior de la isla, luchando tenazmente contra los últimos reductos nipones. Finalmente, a principios de febrero de 1943, los japoneses comenzaron a evacuar las maltrechas tropas de algunos puntos de las islas.

El infructuoso intento japonés de quebrar el cerco y recuperar, a sangre y fuego, el aeropuerto acabó costándoles cerca de 24 mil muertos. Los aliados, por su parte, perdieron 6 mil hombres. Ahora bien, no todos los muertos fueron de heridas de guerra: muchos de ellos murieron debido a que el terreno de selva provocó numerosas enfermedades tropicales como la malaria y causó estragos en los combatientes de ambos lados, a lo que habría que añadirse también escasez de alimentos y medicamentos. Guadalcanal puede considerarse única por diversas razones. La batalla en sí misma fue una de las más largas de la campaña del Pacifico. Tuvieron que pasar 6 cruentos meses de lucha salvaje y feroz, en los que se puso a prueba la resistencia de ambos bandos, antes de que los japoneses fueran expulsados definitivamente de la isla y constituyó la primera victoria estratégica combinada de las fuerzas aliadas sobre los japoneses en el teatro de guerra del Pacífico.


Miguel Ángel Fujita

Graduado en Literatura U.N.M. de San Marcos - Perú

Profesor de español en la A.I. de Toyokawa

E-mail elchasquicorreo@hotmail.com













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