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Por: Revista Latina | en: Japonerías | el: 23.11.16 | Imprimir


Los navíos japoneses clase Yamato fueron los acorazados más poderosos de la historia naval mundial. Construidos para darle al Japón superioridad sobre cualquier otra armada, entraron en servicio, sin embargo, justo en una época en la que el acorazado ya había perdido el papel principal del que había disfrutado hasta entonces.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en el marco de la operaciones navales en el Pacífico, sin duda hubo un buque de guerra que destacaba entre las unidades de ambas flotas: el acorazado de la Armada Imperial japonesa Yamato. Se comenzó a construir en 1937 y entregado formalmente una semana después del ataque japonés a Pearl Harbor en 1941, y fue, junto con su buque gemelo, el Musashi, el acorazado más pesado y fuertemente artillado jamás construido. Era prácticamente insumergible, y su blindaje inmune a la munición de cualquier navío de guerra de la época; sin embargo, aunque el modernísimo Yamato fue diseñado para hacer frente a cualquier unidad enemiga, nació obsoleto, no en cuanto a sus notables características, que nunca fueron superadas por unidades similares, sino en su concepto, pues el acorazado ya había dejado paso al portaaviones y la guerra aeronaval.

A inicios de la década de 1930 Japón decidió aumentar su potencia naval con la construcción de dos acorazados descomunales de la flamante y efímera clase Yamato.

Impresionante era el tamaño del Yamato con 263 metros de longitud por 38 9 metros de ancho y un desplazamiento de 71.659 toneladas con capacidad para albergar 2.332 tripulantes. Pero lo que hacía singular al Yamato era su extremo blindaje y el estar armado hasta los dientes, con un arsenal incomparable a otro barco del mundo consistente en 9 cañones de 460 milímetros repartidos en tres torretas triples (dos a proa y una a popa); 12 cañones de 155 milímetros en cuatro torretas triples (dos en el centro, una a proa y una a popa); 12 cañones de 127 milímetros en seis montajes individuales a cada lado del buque; y 24 piezas de artillería antiaérea de 25 milímetros distribuidas por toda la superficie. Todas estas características que convirtieron al Yamato en un monstruo del mar, hicieron que se cambiase la denominación de "acorazado” por la de "superacorazado”.

Naves monstruosas, acorazadas hasta hacerlas invulnerables a los proyectiles navales y armadas con los mayores cañones navales jamás embarcados hubieran dado al Japón la supremacía naval mundial. Y sin embargo estas naves formidables fueron hundidas sin poder demostrar su asombroso potencial.

Los acorazados clase Yamato habían sido construidos para enfrentarse a cualquier embarcación enemiga y efectivamente, hubieran podido derrotar a cualquier nave adversaria aguantando sus proyectiles y hundiéndola o dejándola fuera de combate con sus monstruosos cañones. Sin embargo, en la guerra surgió una nueva amenaza que dejó obsoletos a los acorazados: los portaaviones. En efecto, estos enormes navíos eran  capaces de lanzar escuadrillas enteras de bombarderos y torpederos con un potencial de fuego equivalente al de flotas enteras. Es así, que los Yamato fueron hundidos por ataques desencadenados por oleadas sucesivas de aviones embarcados norteamericanos que saturaron de bombas y torpedos a estos acorazados, pero eso, querido lector, llegará en su momento. 

La primera misión del Yamato fue escoltar a la Flota Combinada del Almirante Isoroku Yamamoto en calidad  de buque insignia, hacia el Océano Pacífico Central, siendo testigo el almirante sobre el puente del acorazado de la desastrosa derrota en la Batalla de Midway el 4 de Junio de 1942, en la que se perdieron 4 portaaviones. De vuelta a Japón, el Yamato zarpó el 27 de Mayo de la Bahía de Hiroshima hacia la base de Truk en las Islas Carolinas, donde permaneció inactivo, siendo reemplazado por su gemelo, Musashi, como nave insignia de la flota imperial. Desde esa fecha y hasta mediados de 1944 participó en diversas operaciones de patrulla, escolta de convoyes e incluso transporte de tropas. En la Batalla del Mar de Filipinas (entre el 19 y el 20 de junio de 1944) pasó sin pena ni gloria, fue usado nuevamente como escolta y transporte sin mayor novedad, siendo trasladado por razones logísticas a las Indias Orientales, más cerca del suministro de combustible. A salvo por el momento, al Yamato le esperaban otras batallas por venir...

 

Miguel Ángel Fujita

Graduado en Literatura U.N.M. de San Marcos - Perú

Profesor de español en la A.I. de Toyokawa

E-mail elchasquicorreo@hotmail.com