El verdadero valor de la educación en Japón

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Los resultados de los últimos informes PISA sobre educación levantaron bastante revuelo en algunos países europeos por el deterioro del nivel de sus estudiantes. En cambio, los que por el destino hemos acabado educando a nuestros hijos en Japón estamos de enhorabuena. Japón se sitúa en los primeros puestos en matemáticas, comprensión lectora y ciencias, además de en satisfacción del alumnado con la escuela y otras cuestiones relevantes para la educación de una sociedad (ver tablas). 

Los estudios PISA realizan pruebas a chicos de 15 años en los 65 países y economías de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Los entendidos explican la relación entre ciertos factores de los sistemas educativos, como el grado de igualdad de oportunidades educativas que otorga un país, y el éxito de sus estudiantes. Japón es uno de los países más igualitarios del mundo: el gobierno asigna los mismos recursos a todos los colegios, e incluso a veces más a los colegios con población desfavorecida. Asimismo, el porcentaje de alumnos de clases no privilegiadas que tienen éxito es considerablemente más elevado aquí que en muchos países occidentales.

De modo que, si nos cabía alguna duda, ahora sabemos que nuestros hijos, aunque sean emigrantes y tengan algunas desventajas, están en uno de los lugares del mundo con más posibilidades de recibir la misma educación que los ciudadanos oriundos o los que pertenecen a clases altas. Ante tal realidad, ya no nos cabe el victimismo: si nuestros hijos no progresan, alguna responsabilidad tendremos nosotros. ¿Cómo podemos ejercerla? ¿Dónde podemos ayudar a nuestros hijos para que le saquen partido a ese entorno en el que han tenido la suerte de caer? No solo como docente en Japón, sino como madre de tres niños que se educan en el sistema japonés y observadora ferviente de todo lo que tiene que ver con su formación, me permito una reflexión personal sobre las claves del éxito de los alumnos japoneses y de su superioridad frente a los de los países occidentales, que creo que puede ser útil para los lectores. 

Comienzo con una digresión necesaria. Tengo entendido que algunos estudiantes latinos de secundaria, a pesar del paso de los años y el apoyo lingüístico que proporciona el gobierno provincial en forma de personas cualificadas y bilingües que les acompañan, no dominan el japonés. Exceptuando algún caso de discapacidad, esta realidad indica que el esfuerzo de estos estudiantes por triunfar a pesar de sus desventajas es nulo. Yo siempre les recuerdo a mis estudiantes que su puesto en la universidad pública no es un derecho, sino un regalo de los contribuyentes, pues cuesta mucho más que lo que ellos pagan en matrícula. En la misma línea, me permitiré comentar, a riesgo de suscitar rencores en un mundo en el que los derechos parecen venir sin deberes, que a estos estudiantes de secundaria hay que explicarles bien claro que los que entran en un sistema educativo público tienen la obligación de hacer valer la inversión que los miembros de la sociedad hacen en él. Es más: que los que emigran a un lugar y entran en su sistema educativo tienen no solo el privilegio, sino el deber de ser bilingües. Los humanos estamos preparados para ser multilingües a cualquier edad, por lo que no existe ninguna razón para que los que acuden a la escuela no dominen la lengua al cabo de un tiempo prudencial, si no es la terca y estúpida negativa personal a aprenderlo. Me pregunto si los adultos del entorno de estos niños les han contado alguna vez que la enorme calidad de vida de la que disfrutan en este país está directamente relacionada con el nivel educativo del mismo, ya que solo una sociedad educada puede sacar adelante una economía próspera. También me pregunto si somos todos conscientes de que aquí se puede sacar lo mejor de uno, pero el esfuerzo lo tiene que poner uno. 

A propósito, advertiré a esos padres de que su implicación es un requisito imprescindible y un deber ineludible. Puedo oír a muchos lectores: "estamos muy ocupados, no tenemos tiempo”, "no entendemos la lengua.”¿Qué les parecería un padre que dijera "hoy no tengo tiempo para cocinar, que no cene el niño”, o "ya sé que tiene fiebre, pero no tengo tiempo para darle la medicina y además no me entiendo con el médico”? De la misma forma que ningún padre eludiría sus responsabilidades en materia de alimentación o salud, el derecho del niño a la mejora de su vida a través de la educación no admite pretextos. La paternidad responsable requiere tiempo. 

Ya puestos, continúo con otra reflexión general: los sistemas son el resultado de las deliberaciones de miles de personas a lo largo de décadas, de consideraciones económicas y pedagógicas que no todos podemos conocer ni entender siempre. Creo que lo mejor es sacar el mayor partido a lo que se nos ofrece y aceptar lo que nos parezca menos lógico sin demasiados dramas. Es decir, lo primero que debemos abandonar es esa costumbre de criticar un sistema que nos es extraño por diferente al nuestro. Los que cambian el mundo no son los inconformistas desde la cuna, sino precisamente los que se adaptan a los sistemas sociales, los aprovechan, consiguen una formación que les unifica a los demás, y luego utilizan esa base para hacer brillar sus talentos individuales. Siempre pensé que yo era una persona mediocre porque me gustaba cumplir con lo que el sistema demandaba de mí, en lugar de cuestionar todo lo que los profesores ponían a mi alcance. Ahora sé que es gracias a esa ductibilidad que mi formación me permite realizar con libertad y creatividad las actividades que he podido elegir gracias a no haber sido contestataria cuando mi ignorancia no lo permitía. Mi consejo es que comencemos por respetar el valor de lo establecido (después de todo, si los resultados son tan buenos, algo estarán haciendo bien), y que no pasemos el día criticando los aspectos negativos del sistema, aunque sin duda los tenga. 

Una vez entendido que debemos adaptarnos, unos y otros, niños y padres, la pregunta es cómo se triunfa en este sistema. Creo que todos los que hemos visitado el colegio (hablo ahora de la educación primaria), estaremos de acuerdo en que algunos factores sencillos están en la base del buen nivel educativo de los estudiantes. El comienzo y el final de las clases se marcan claramente, y no se pierde el tiempo que se malgasta en nuestros países en disciplinar al alumnado para que preste atención. El hecho de que los alumnos sean responsables de la limpieza de su entorno tampoco es trivial en el progreso de un individuo, ya que se acostumbra a las personas al orden necesario para estudiar y a la disciplina de las cosas bien hechas. Por otro lado, las actividades como el ongakukai o el undokai reflejan que en este sistema nada se deja a la improvisación y todo es resultado de una coordinación perfecta. En otras palabras, en Japón los niños crecen viendo que existe poca tolerancia hacia el trabajo hecho a medias, y ven que sus profesores ejercen con disciplina y orden, valores que escasean en otras culturas. Esta es una de las bases de su éxito como sociedad y de los buenos resultados en los informes PISA. Creo que deberíamos dejar de ver estas características como un corsé indeseable que limita esa cacareada pero mal entendida creatividad, pues es una idea muy extendida pero errónea. Lo primero que debemos hacer para triunfar y ser creativos es adoptar esos valores de aspiración al trabajo bien hecho y de disciplina como propios.

En cuanto al contenido del currículum, lo encuentro equilibrado y variado, y agradezco la importancia que se le da a la música. Dominar un instrumento o leer una partitura es una habilidad cognitivamente compleja que combina capacidades analíticas esenciales para el estudio serio de cualquier cosa. 

Asimismo, las actividades teóricas se compaginan con otras prácticas, como el cultivo de plantas y el cuidado de animales, las visitas a comercios y empresas, las excursiones a la naturaleza, la práctica de la caligrafía y el ábaco, el arte, las actividades de intercambio con la comunidad, etc. Observando el currículum, parece que la educación en Japón tiene como objetivo el que los niños planten los pies en la tierra y el amor por lo bien hecho en el corazón. Una receta infalible que deberíamos reforzar en casa.

Este respeto por las tareas bien hechas, por el orden y por el uso eficaz del tiempo que se respira en el colegio es una de las bases de los buenos resultados de la educación primaria y secundaria. Pero sobre todo, me gustaría resaltar que la clave principal del éxito está en la dedicación de los maestros, que hacen gala de su gran vocación y profesionalidad en todos los momentos del día. Desde instruir a los niños en las asignaturas hasta enseñarles a servir la comida a otros, los maestros de Japón son ejemplares y merecen el apoyo y el respeto de niños y padres

Uno de los esfuerzos más notables es el que realizan para que la comunicación con las familias sea muy fluida. No solo hacen una visita a la casa de cada uno de los estudiantes a principio del curso, sino que organizan reuniones personales y de grupo trimestralmente, escriben una innumerable cantidad de cartas en las que explican todo lo que se va a hacer en el colegio, lo que el niño necesita llevar y lo que se debe hacer en casa, y la mayoría se molestan en escribir a cada uno de sus alumnos por el año nuevo y en las vacaciones de verano. Es este quizá uno de los aspectos fundamentales del sistema, uno de los que más les distinguen de otros países, y el que más nos afecta a los latinos, pues la mayoría de nosotros sentimos que no podemos comunicarnos con ellos al ritmo que se requiere y no valoramos la importancia de este detalle. Incluso es posible que algunos incluso lo consideren una molestia y sientan un cierto rencor por el hecho de que tal dedicación de los maestros supone una carga de trabajo para los padres. Como si no fuera más fácil para los profesores simplemente ajustarse a la ley del mínimo esfuerzo, cumplir con su horario y marcharse a casa a atender a los suyos. 

El propósito de esa comunicación es conseguir que las clases puedan ser impartidas con eficacia. Por eso, triunfar en el sistema japonés se basa en cosas sencillas que dependen en gran parte de la comunicación entre la escuela y la casa: los niños no llegan tarde, llevan los lápices afilados de casa y no se olvidan el instrumento cuando hay clase de música, el libro de la biblioteca cuando hay que devolverlo, el diccionario o el compás cuando se lo piden. Estos detalles permiten al profesor hacer su trabajo. La principal tarea de los padres consiste en escuchar al profesor a través de las cartas y otras formas de comunicación. Este es un gran reto para la mayoría de nosotros, pero uno que no podemos eludir. Si no hablamos la lengua, existen cauces para recibir ayuda gratuita en forma de intérprete en las citas con los maestros. Con respecto a la comunicación escrita, sugiero hacer a principio de curso una plantilla con la ayuda de uno de los voluntarios bilingües de las ciudades y prefecturas. La plantilla organizaría los temas por categorías, pues los términos se repiten 

y se pueden entender el 80% de las cartas con el mismo elenco de palabras. De cualquier forma, es necesario buscar un sistema de comunicación que haga que no sea nuestro hijo el que siempre olvida los útiles o va sin preparar. Si colaboramos, el niño se sentirá uno más del grupo y los maestros y el sistema se encargarán de lo demás. El nivel cultural de los padres no es un factor relevante: solo el nivel de compromiso con sus hijos lo es. Aquí se triunfa siendo simplemente uno más de la clase y no causando obstáculos al trabajo del maestro. Detrás de eso están los padres.

En resumen, es necesario imbuir en el niño su obligación de aprender la lengua y de adaptarse, convencerlo de que los valores que le transmiten sus profesores son los correctos, que los maestros merecen nuestro agradecimiento y que deben ser respetados y escuchados con apertura de mente y alegría. Es bueno recordarle la suerte que tiene de participar en un sistema donde tiene más posibilidades de triunfar que en otros, y resaltar lo positivo de todas las actividades que los colegios organizan para él desde la dedicación y el cariño. Eso predispondrá al alumno a ir al colegio con interés y a aprovechar cualquier enseñanza que en él se le proporcione. La regla de oro es que los niños no nos tienen que escuchar ni un solo comentario negativo sobre la escuela. Es más, deben oírnos recordar periódicamente la suerte que tenemos de que este país haya puesto a disposición de todos unos recursos educativos de primer orden. Insisto: no es aceptable victimizarnos, decir que no sabemos el idioma japonés o que no tenemos tiempo porque trabajamos mucho; estos son solo pretextos para justificar el no asumir nuestro rol de padres en la educación de nuestros hijos. No desaprovechemos el esfuerzo que vienen realizando los maestros japoneses y el gobierno por mantener un ambiente idóneo para que puedan desarrollarse y adquirir los conocimientos necesarios. Nuestros hijos no se educarán solos, de la misma manera que la cena no aparece en la mesa por arte de magia. Velar por su educación es uno de los deberes de los padres. Nuestras constantes afirmaciones de que llegamos aquí buscando un futuro mejor para nuestros hijos están vacías de contenido si después escatimamos tiempo y esfuerzo en que reciban la única cosa que les llevará a esa situación futura decente y próspera. La educación a los niveles más altos del planeta, a nuestro alcance de forma gratuita: esa es nuestra herencia para ellos. Nuestro mérito es haber logrado venir aquí para que la reciban.

Dentro de poco empieza un curso nuevo. Pongámonos como objetivo conseguir que nuestros hijos se integren completamente en la escuela e integrarnos nosotros como una piña con los maestros. De ahí a sacar los primeros puestos en los exámenes PISA, hay un solo paso. Ojalá nuestros hijos contribuyan a que la estadística de la igualdad se fortalezca: alumnos con desventaja, mostrándole al mundo que se puede llegar alto. Un orgullo para nosotros, una suerte para ellos y un deber cumplido. 


Informe PISA en español. En este link solo se tienen en cuenta los PAÍSES de la OCDE. Hay otros informes en los que se incluyen las ECONOMÍAS de la OCDE. Por ejemplo, Taipei, Shanghai, aunque son ciudades, van aparte porque se consideran "economías”:

http://www.mecd.gob.es/dctm/inee/internacional/pisa2012/boletin22pisa2012.pdf?documentId=0901e72b8178aae2

Informe en inglés. En este link se ven las tablas con todos, los países en negro y las economías en verde: 

http://www.oecd.org/pisa/keyfindings/pisa-2012-results-overview.pdf

En este link se puede ver la situación de cada país. Hay una sección donde puedes elegir el país:

http://www.oecd.org/pisa/keyfindings/pisa-2012-results.htm

 

Por: Montserrat Sanz Yagüe Lic. en Filología Inglesa por la U.C. de Madrid

Dra. en Lingüística y Ciencias del Cerebro y Cognitivas Univ. Rochester EE.UU.

Catedrática en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kobe












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